Fainders, una idea hecha realidad. La historia de mi proyecto de vida

La historia de Fainders contada por Noa Veiga
Y hoy, después de 3 años en este país, Nueva Zelanda, sentada en mi jardín, con una sombrero de paja en mi cabeza, descalza, con las manos llenas de tierra, me quedo mirando el injerto de tomate que acabo de plantar…

 

Hace exactamente 3 años estaba sentada en una oficina de Diagonal Alta en Barcelona. Llevaba tacones y mis uñas estaban recién pintadas. Cada mes estrenaba alguna pieza de ropa y mi obsesión diaria era sacar algo de tiempo para poder hacer deporte, la única actividad que me relajaba momentáneamente. Así que me levantaba a las 6 de la mañana para que me diese tiempo a nadar y correr antes de empezar el día que terminaría como todos, haciéndose de noche entre esas cuatro paredes… Me gustaba mi trabajo, podía hablar con personas y el aspecto técnico de las inversiones siempre me había apasionado.

 

Cojo un poco de caca de gallina y la mezclo con agua. La niña de cinco años que está a mi lado sabe mucho más que yo sobre plantaciones. Me enseña a hacer la mezcla y a veces me regaña porque pongo demasiado en la raíz y dice que “you have to be gentle with the plant, you can burn it!”. Le hago caso porque es una experta y yo de esto no he estudiado.

 

Aquel día que jugando a hacer horas y ser la mejor empleada encontré la foto de los caballos corriendo por una playa de Nueva Zelanda, lo recuerdo como si fuese ayer. Me descargué la foto y la puse como salvapantallas. No tenía ni idea que algún día viviría ahí. Si te soy sincera, no sabía ni siquiera dónde estaba Nueva Zelanda en el mapa.

 

La niña me pregunta por qué hablo tan raro mientras me ayuda a rellenar los huecos alrededor del injerto con otro tipo de tierra, una que compró con su padre el fin de semana y que lleva muchos minerales y vitaminas (como dice ella). Le respondo que nací en un país muy lejos de aquí, dónde hablamos otra lengua, la de Dora La Exploradora. Con esta explicación se da por satisfecha y empieza a hablar más despacio como invitándome a que practique una mejor pronunciación.

 

Mi cliente dirige una gran empresa que ha tenido un crecimiento exponencial en los últimos años debido a la internacionalización de su negocio en Latino América. Tiene un semblante sereno y se viste de forma desenfadada, no parece un CEO, más bien podría ser un bohemio. Después de dos años gestionando su capital privado la relación es cercana y me puedo permitir ciertas preguntas que convierten mi día en algo más que una gestión de seguimiento de uno de mis clientes en cartera. Se la hago sin titubear, ¿has sido pobre alguna vez?

 

 

Pienso mientras recojo las herramientas y las guardo en el garage. Tengo las manos llenas de tierra y los pies mojados. Sonrío para adentro. Estoy tranquila. Me siento en el suelo y me dedico unos minutos a mi y al paisaje que tengo enfrente, Mauao, la montaña sagrada maorí.

 

Nunca he sido pobre, pero sí he estado en bancarrota una vez. Tenía un negocio heredado de la familia de mi mujer. Durante años fue próspero, pero debido a una decisión de endeudamiento errónea sumado a la crisis del Petróleo del 73, hizo que en unos meses pasase de tener varias propiedades a declararme totalmente insolvente. Tuve que dejar mi casa y alojarme con unos amigos durante unos meses. Mi mujer me acompañó y estuvo conmigo todo el tiempo. Recuerdo el miedo del principio y la humildad del después.

 

En los últimos años no he ejercido como banquera, pero sí he descubierto facetas profesionales y personales que estaban escondidas en la época de Barcelona. Resulta que sé escribir, bailar, dibujar y sobre todo, crear cosas de la nada. Resulta que mi cerebro funciona increíblemente bien cuando he descansado y me he permitido hacer y decir lo que pienso. Parece ser que hubo una época en la que no estaba explotando lo mejor de mí misma. Y parecer ser que esa época se terminó cuando decidí cambiar.

 

Una lágrima resbala por mi mejilla. Este hombre me inspira, me muestra que cualquiera puede hacer lo que se proponga, que los momentos que parecen malos no lo son tanto, que son simplemente oportunidades para valorar otras cosas, muchas veces para conectar con nuestras emociones, las cuales escondemos la mayor parte del tiempo. Me siento orgullosa de gestionar tu capital ahora, ahora que sé de tu humildad y de tu historia. Sonríe, creo que confía en mi porque sabe que yo también soy humana, como él.

 

Quedan escasos minutos para las diez, es a esa hora cuando se hará público. Es a esa hora cuando nacerá el proyecto, que tantos padres y madres ha tenido. Hoy es el día, el día en el que hacemos público el comienzo de Fainders, una idea hecha realidad. Un lugar dónde compartir y crecer juntos. El puente entre España y los países Latino Americanos y Nueva Zelanda, una país mágico sin descubrir.

 

He disfrutado compartiendo mi experiencia contigo.
Bienvenidos a Fainders, el lugar dónde todos compartimos.
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